En Ávila el invierno no perdona una cubierta descuidada: más de cien noches bajo cero al año, ciclos de hielo y deshielo y nevadas que cargan la estructura. Casi todas las urgencias que atendemos entre diciembre y febrero se habrían evitado con una revisión de dos horas en octubre.
Por qué octubre y no diciembre.
El calendario importa más de lo que parece. En otoño ya ha caído la hoja de chopos, castaños y frutales, así que lo que saques del canalón es todo lo que iba a acumularse. Y las temperaturas todavía permiten trabajar con seguridad: los morteros y sellantes fraguan bien por encima de unos 5 °C, cosa que en enero no ocurre.
Si esperas a que aparezca la primera mancha en el techo, tienes tres problemas a la vez: el agua ya está dentro, la teja está helada o mojada —lo que hace peligroso subir— y cualquier reparación será provisional hasta que mejore el tiempo.
Lo que puedes revisar tú desde el suelo.
Con unos prismáticos y una vuelta completa a la casa detectas más de lo que imaginas. No hace falta subirse a nada:
- Tejas desplazadas o partidas. Busca líneas que se rompen, piezas caídas o hileras que no siguen el mismo plano que las de al lado.
- Cumbrera y limatesas. El mortero de la caballete debe estar continuo, sin trozos caídos ni juntas abiertas.
- Verdín y musgo. Si el faldón norte está verde oscuro, la teja lleva permanentemente húmeda y va camino de descascarillarse.
- Canalón vencido. Míralo de perfil: si hace panza o se separa del alero, tiene agua o suciedad acumulada.
- Manchas en la fachada bajo el canalón o bajo una ventana: indican que el agua se está desbordando por ahí desde hace tiempo.
- Chimeneas y ventanas de tejado. El remate metálico alrededor debe verse pegado a la teja, no levantado.
Desde dentro, sube al bajocubierta con una linterna en un día soleado: si ves puntos de luz por donde no debería haberlos, tienes una entrada de agua. Y palpa la madera cerca de la chimenea y de los aleros; si está fría y húmeda al tacto, algo pasa.
Los seis puntos que sí exigen subir.
1. Canalones y bajantes
Es la revisión que más goteras evita y la que más se olvida. Un canalón lleno no solo desborda: en invierno el agua retenida se congela, la dilatación del hielo abre las juntas y el peso llega a arrancar los ganchos del alero.
2. Cumbrera y limatesas
Las piezas de caballete son las más expuestas al viento. Se comprueban una a una, y las que se muevan al presionar se retiran y se vuelven a tomar. En cubiertas modernas van con fijación mecánica y una banda de ventilación que también hay que revisar.
3. Encuentros de chimenea y claraboyas
Aquí es donde aparece la mayoría de las filtraciones que no se explican mirando la teja. El babero metálico debe entrar bajo la teja de arriba y solapar sobre la de abajo. Si lo que hay es un cordón de silicona, tiene los días contados.
4. Limahoyas
Por la unión entre dos faldones circula el agua de los dos: es el punto de mayor caudal de todo el tejado. Se comprueba que la chapa esté limpia de hojas y sin perforaciones por óxido.
5. Fijaciones del alero y del borde
Las tejas de la primera y última hilera y las del borde de un faldón son las que el viento levanta primero. En zonas expuestas de la sierra deben ir fijadas mecánicamente, no solo apoyadas.
6. Ventilación de la cámara
Las tejas de ventilación y la salida de cumbrera tienen que estar libres. Si se han taponado con musgo o con un aislante mal colocado, la humedad de la vivienda condensará bajo la teja durante todo el invierno.
Lo que pasa dentro de la cubierta en enero
La secuencia es siempre la misma. El calor que se escapa de la vivienda funde la nieve que está en contacto con la teja; el agua baja por el faldón y, al llegar al alero —que está frío porque debajo no hay casa—, se vuelve a congelar. Ese cordón de hielo hace de presa.
El agua que sigue bajando se embalsa detrás y, sin presión de caída, encuentra su camino hacia arriba por los solapes de la teja. Por eso las filtraciones de enero aparecen en los aleros y no en el centro del faldón, y por eso se resuelven aislando y ventilando, no poniendo más teja.
Calendario de mantenimiento por tipo de casa.
| Situación | Revisión completa | Canalones |
|---|---|---|
| Vivienda en casco urbano, sin arbolado | Cada 2 años | 1 vez al año, en otoño |
| Casa bajo arbolado o junto a pinar | Anual | 2 veces al año |
| Sierra de Gredos y zonas de nevada frecuente | Anual, antes del invierno | 2 veces al año |
| Segunda residencia cerrada varios meses | Anual, al abrir la casa | Antes de la temporada de lluvias |
| Cubierta con más de 30 años | Anual, con informe fotográfico | 2 veces al año |
Las tres señales que no admiten espera.
1. Carámbanos gruesos y permanentes en el alero. No son decorativos: indican que el calor de la vivienda se escapa por la cubierta, derrite la nieve y el agua se vuelve a congelar en el borde frío. Ese hielo acumulado embalsa agua que acaba entrando por debajo de la teja. Se corrige con aislamiento y ventilación, no cambiando el canalón.
2. Una mancha que crece en cada lluvia. Si la mancha del techo es mayor que hace un mes, el agua lleva tiempo circulando por la estructura, no solo por el techo.
3. Tejas en el suelo después de una racha de viento. Si ha caído una, hay más sueltas arriba. Y el hueco que deja es una entrada directa de agua.
Cuánto cuesta prevenir frente a reparar.
Una revisión con limpieza de canalones en una vivienda unifamiliar media se mueve en unos pocos cientos de euros, informe fotográfico incluido. Una filtración detectada en enero implica desplazamiento de urgencia, sellado provisional, reparación definitiva cuando el tiempo lo permita y, muy a menudo, pintura y escayola dentro de casa. La diferencia no es del doble: suele ser de un orden de magnitud.
A eso se añade lo que no se ve en la factura: la madera que se moja en cada filtración pierde sección con los años y una viga podrida no se arregla con una teja nueva.