«¿Hay que levantar todo el suelo?» es la primera pregunta de quien tiene una terraza que filtra al piso de abajo. La respuesta honesta es: a veces no, y a veces sí, y lo que decide no es el presupuesto sino si hay agua atrapada bajo el pavimento. Estas son las tres comprobaciones que lo resuelven.
Las tres comprobaciones que deciden.
1. ¿Está seco el soporte? Es la condición que manda sobre todas las demás. Bajo las baldosas hay un relleno —mortero, arena, a veces aislante— que puede llevar años empapándose. Si aplicas una membrana impermeable encima, ese agua queda atrapada: con el calor se evapora, empuja desde abajo y levanta la membrana en forma de ampollas. Se comprueba con una cata: se levantan dos o tres baldosas en los puntos bajos y se mira.
2. ¿Hay pendiente? Ningún producto compensa una terraza donde el agua se embalsa. Se verifica sencillamente: se moja la superficie y se observa dónde queda charco pasados unos minutos. Si el agua no llega a los sumideros, antes de impermeabilizar hay que formar pendientes, y eso ya implica recrecido.
3. ¿Cuánta altura tienes disponible? Impermeabilizar por encima añade milímetros. Si el pavimento ya está a ras del marco de la puerta o el peto se queda sin altura de entrega, no hay margen: la solución pasa por picar.
Por dónde entra el agua en realidad.
Antes de decidir si se pica o no, conviene saber algo que sorprende a mucha gente: en la mayoría de las terrazas que filtran, el paño central está bien. El agua entra por cuatro sitios concretos.
| Punto | Qué falla | ¿Exige picar todo? |
|---|---|---|
| Sumidero | La lámina muere junto al desagüe en vez de entrar dentro; o está atascado | No: se resuelve localizado |
| Peto perimetral | La entrega vertical es corta o está solo pegada con sellante sobre el revoco | No en la mayoría de casos |
| Junta de dilatación | El movimiento de la estructura rasga la lámina justo ahí | Solo la banda de la junta |
| Pasos de instalaciones | Anclajes de aire acondicionado, antenas o placas taladrados sobre la lámina | No: manguito y refuerzo por unidad |
| Todo el paño | Lámina envejecida y relleno saturado de agua | Sí |
Esto cambia mucho la conversación económica: si el diagnóstico localiza la entrada en un sumidero y en el encuentro con el peto, la intervención puede costar una fracción de lo que costaría una demolición completa.
El peto, el sospechoso número uno
La impermeabilización tiene que subir por la pared perimetral una altura suficiente por encima del pavimento —el criterio habitual son unos 20 cm— y quedar rematada mecánicamente o alojada en una roza.
Cuando se resuelve con un cordón de sellante sobre el revoco, aguanta uno o dos inviernos: el sol degrada el sellante, la fábrica se mueve con la temperatura y el agua encuentra el camino. Es reparable sin tocar el resto de la terraza.
Qué sistemas admiten aplicarse encima.
Si las tres comprobaciones dan verde, estos son los sistemas que trabajan bien sobre pavimento existente:
Membranas líquidas de poliuretano o caucho. Se aplican con rodillo sobre imprimación específica para gres, con malla de refuerzo en encuentros y esquinas. Sin juntas ni solapes, se adaptan a cualquier geometría y son la opción más habitual. Su punto débil es el espesor: si se aplica menos del que exige el fabricante, la vida útil se desploma. Exigen además temperatura y humedad adecuadas para curar, lo que en la provincia deja fuera buena parte del invierno.
Poliurea proyectada. Más resistente y de curado casi inmediato, pensada para terrazas con mucho tránsito o geometrías complicadas. Requiere equipo y aplicador especializados.
Morteros impermeabilizantes flexibles. Se pueden revestir después con un nuevo alicatado, así que son la vía cuando quieres mantener acabado cerámico. No salvan fisuras grandes ni movimientos importantes.
Lo que no funciona sobre baldosa vieja es la lámina asfáltica soldada: necesita otro soporte y otra preparación. Y lo que nunca funciona, con ningún sistema, es aplicar sobre una superficie sucia, húmeda o con baldosas sueltas.
Impermeabilizar por encima no es la opción barata: es la opción correcta cuando el soporte está sano. Cuando no lo está, es la que hay que rehacer dos años después.
Cuánto cuesta cada ruta.
La diferencia económica entre impermeabilizar por encima y demoler es grande, y por eso merece la pena hacer las catas antes de decidir:
Sobre el pavimento existente, con membrana líquida, el rango habitual se mueve entre 28 y 45 €/m², incluyendo limpieza, imprimación, refuerzo de puntos singulares y las manos que exige el fabricante. Una terraza de 25 m² se resuelve en dos o tres jornadas.
Con demolición, hay que sumar el picado y la retirada del pavimento y del relleno saturado —entre 18 y 32 €/m²—, la formación de pendientes si falta y el sistema nuevo completo. El presupuesto puede acercarse al doble, y el plazo se va a una o dos semanas.
Ahora bien: si el relleno está empapado, la ruta barata no existe. Aplicar encima sería gastar el 50 % del presupuesto para tener que gastar el 100 % dos años después.
Y si hay que picar, que sirva para algo.
Cuando la cata demuestra que el relleno está saturado, la demolición deja de ser una mala noticia y pasa a ser una oportunidad: es el momento de formar pendientes correctas, sustituir el aislante mojado por uno nuevo y resolver los cuatro puntos críticos como manda la técnica. Una cubierta invertida bien ejecutada —lámina, aislante encima y acabado de protección— es de las soluciones más duraderas que existen, porque el aislante protege la membrana del sol y de los cambios de temperatura.
En cualquiera de las dos rutas, la obra no termina con la última capa: termina con la prueba de estanqueidad. Se taponan los desagües, se inunda la superficie 24–48 horas y se revisa desde el piso inferior. Si aparece un fallo, corregirlo antes de colocar la protección cuesta una hora; después, cuesta otra obra.
Si tienes una terraza que filtra y no sabes en cuál de los dos escenarios estás, empieza por el diagnóstico y no por el presupuesto: en impermeabilización de cubiertas explicamos cómo localizamos la entrada antes de picar nada.